Algunos errores en la educación de nuestros hijos

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Algunos errores en la educación de nuestros hijos

Educar a nuestros hijos es una tarea complicada para la que nadie nace aprendido. Aunque siempre lo intentas hacer de la mejor manera posible, en algunas ocasiones y ante ciertas circunstancias no sabemos cómo actuar, o no lo hacemos de manera correcta. Por eso esta semana os traemos algunos de los errores en la educación más frecuentes para que sepamos reconocerlos y resolverlos con eficacia.

Errores más comunes en la educación

Convertirnos en un mal ejemplo

Algo que no muchas veces nos damos cuenta, es que somos el referente y ejemplo de nuestros hijos, y por lo tanto debemos convertirnos en un modelo a seguir y un espejo en el que reflejarse. Es uno de los errores en la educación más típico, no podemos pasarnos media vida riñendo a nuestros hijos cuando dicen tacos o tienen un mal comportamiento si después nuestros actos son los mismos.

Sobreproteger a nuestros hijos

Actualmente este es uno de los errores en la educación que más cometemos. Queremos proteger tanto a nuestros pequeños que no solo asumimos sus responsabilidades sino que además evitamos a toda costa que puedan sufrir la más mínima frustración. Aunque pensemos que los estamos protegiendo de un entorno hostil, actuar de esta manera solo nos llevará a evitar el correcto desarrollo de las habilidades necesarias para resolver sus problemas.

No establecer normas y límites

La comodidad de no establecer normas y límites a nuestros hijos, por ejemplo a la hora de irse a la cama, puede llevarnos a criar a unos niños sin conocimiento de lo que se debe y no debe hacer, lo que a la larga puede convertirles en auténticos tiranos. Los niños necesitan normas en su educación para saber cómo actuar y crear un modelo educativo a tiempo, aunque esto conlleve un mayor esfuerzo, es fundamental en su educación.

Tratar a los niños a gritos

La vida actual, con trabajo, estrés, falta de tiempo, sumado a la falta de recursos pedagógicos o un comportamiento adquirido por nuestra propia educación, hacer que en muchas ocasiones lleguemos a perder los nervios y gritar a nuestros hijos. Este comportamiento, alargado en el tiempo, lo volverá una situación habitual y cotidiana que el niño o niña asumirá como algo normal, se acostumbrará y por lo tanto ya no surtirá ningún efecto, excepto el de una baja autoestima, un mayor nerviosismo y una posible actitud agresiva.

No cumplir los castigos o hacerlos desmesurados

En muchas ocasiones a modo de presión para que nuestros hijos hagan lo que se les está pidiendo, recurrimos al castigo como amenaza, pero después una vez que hemos conseguido nuestro propósito se nos olvida y el castigo queda sin ser cumplido. De igual manera cuando perdemos los nervios tendemos a impartir un castigo desmesurado. Nuestros hijos deben entender las razones por las que se les priva de algo y deben saber cuales son las consecuencias de sus malos actos, para así poder aprender a comportarse de una manera más correcta.

Quitarse la razón entre los padres

Cuando uno de los padres está ejerciendo su educación sobre los hijos, nunca debemos interponernos o quitarle la razón, incluso cuando no estemos de acuerdo. Es lago que se puede tratar después y a solas para llegar a acuerdos sobre cómo educar a nuestros hijos. Haciendo esto, podemos conseguir dos conductas nada apropiadas. Por un lado, puede confundir a nuestros hijos que no sabrán cuál es la opción correcta. Por otro, aprenderán a ver dónde están los puntos flacos y se aprovecharán de esa solución para conseguir sus propósitos.

Imponer nuestros criterios

Sucede que en muchas ocasiones nos resulta más sencillo imponer nuestra voluntad que pararnos a explicar las razones de nuestras peticiones. Si a un niño o niña le dices n¡no hagas esto porque lo digo yo, nunca aprenderá porque no debe hacerlo y solo crecerá y obedecerá por un miedo o respeto a una figura paterna o materna, sin desarrollar correctamente sus propios principios.

No aceptar réplica

Volviendo al punto anterior, también es muy común que no admitamos que nuestros hijos puedan replicarnos o defenderse, pero luego cuando sean más mayores, pretenderemos que sepan cómo defenderse antes conductas que consideramos injustas. Por ello, es fundamental escuchar a los hijos y conocer por qué hicieron algo, qué les impulsó a tener una determinada conducta o qué sienten, piensan y creen sobre las cosas.

Consentir demasiado a nuestros hijos

Nuestros hijos son la generación de «lo tengo todo». Están acostumbrados a tener el último móvil o el último videojuego. De esta manera no aprenderán el valor de las cosas y el esfuerzo que existe para conseguirlas. Enseñarles el valor del dinero, a ahorrar y a luchar para conseguir aquello que quieren les ayudará a evitar la frustración el día de mañana.

Permitirle ser niño

Solemos tratar a nuestros hijos como adultos, pensando que así les hacemos un favor para su futuro, pero nada más lejos de la realidad. Los niños son niños y su sufrimiento tras una trastada o un suspenso son reales y adaptados a su edad. Debemos ser conscientes de eso y tratarles como tal. Esto fomentará un proceso de aprendizaje más sano y feliz.

Esperemos que estos consejos os sirvan de guía y de una manera de recapacitar sobre cómo actuamos con nuestros hijos. Podéis dejarnos vuestras opiniones o más consejos que no hayamos nombrado. 

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